“Las Mantas de Angelina” La intrahistora / 2a.parte

Escrito por en 27 Junio, 2017

…Años después alguien me propuso que editáramos mi novela en castellano. Sí, ya sé que parece algo “normal” entre escritores, entre personas que se dediquen a este menester, pero yo ya estaba más que satisfecho tras la edición catalana. Debo deciros antes de continuar, que la edición catalana sufrió en alguna de las siguientes ediciones, un error de imprenta, de modo que en el lomo del libro se podía leer “Les Mantes de l’Argelina” (y no de Angelina).
Bien, evidentemente acepté la propuesta de traducir al castellano mi opera prima. La edición fue generosa y mucho más profesional que la primera, muy familiar y reducida. Por aquel entonces mi carrera deportiva me había llevado a dirigir al Real Madrid de baloncesto, y por tanto entendí, sin que fuera necesario que nadie me bajara de las nubes, el porqué de ese inmediato interés por mi pequeña novela.
La presentación en el Circulo de Bellas Artes fue extraordinaria. Desde una sala con vistas al centro histórico de Madrid y abarrotada de amigos, familiares, compañeros y sobretodo, por medios de comunicación, 16 entre televisiones, radios y prensa, hicimos el bautizo de mi libro.
La presentación corrió a cargo de Juancho Armas Marcelo. Me parecía excesivo que alguien le hubiera pedido a este reputado escritor, que se leyera mi novela y la presentara ante un centenar de personas y los citados medios de comunicación. Recuerdo que, con mucho cariño, me hizo referencia a la gran afluencia de esos medios, pero aún más a la manera en que describió mi pequeña fábula novelada. O fue un gran actor o la historia le había seducido y eso provocó que no supiera donde mirar, como ponerme, que decir cuando me tocara hablar.
Luego me tocó exponer a mí, el porqué de la novela, lo que la motivó, el método (¿) utilizado, el mensaje que persigue… No estaba preparado, pero lo resolví como pude. Guardo un especial recuerdo de ese día y de algunas personas muy significativas que me pidieron se la dedicara al final del acto (Pepu Hernández, Felipe Reyes, el Presidente del Real Madrid, Louis Bullock…). Los siguientes días muchas fueron las entrevistas, cuestión que me permitió conocer a personas a quien yo admiraba (Gemma Nierga, Àngels Barceló, Olga Viza, Jose Ramón de la Morena, etc…).
Tuve la oportunidad de estar en algunos stands de la Feria del Libro de Madrid, eso sí, sin largas colas que requirieran mi firma, y si la de mi compañera de cubículo que era, nada más y nada menos que ¡la Campos!, vaya fenómeno televisivo). En ese mismo lugar, un par de actores de teatro, me plantearon la opción de si me interesaría llevarla al mundo de los escenarios…, ¿Cómo? ¿Aquel pequeño cuento que hice para cuatro compañeros de trabajo años atrás, tenía el más mínimo viso de plasmarse sobre las tablas? Me parecía desproporcionado, pero me excitaba la idea. No pasó nada, pero el simple hecho de que alguien tan siquiera se lo planteara, ya había sido la ostia. Tampoco olvidaré una cita concertada por la jefa de comunicación de la editorial, que me permitió conocer en persona a Ana Belén. Fue muy bonito compartir treinta minutos de la vida de esta actriz, cantante, personalidad…, al final del encuentro me regaló y dedicó un CD con sus canciones, y me prometió leerse a fondo la novela.
Tras este baile de sensaciones, también pude al año siguiente, volver a presentar mi novela en catalán (esta vez para la nueva editorial) en Barcelona y poder estar en las Ramblas de Barcelona firmando libros, y en otras librerías de Barcelona, Bilbao y Sevilla.
Ahí parecía que acababa el periplo de “Las Mantas de Angelina”, pero no…, la vida me tenía reservada otra sorpresa, aunque hubo de pasar unos años para ello.
Debo confesaros que NUNCA hasta ese momento, había cobrado ni tan solo 1 Euro por las ventas de mi novela. Quiero decir para que quede claro, que entre excusas (reales o ficticias) y distintos motivos que desconocía y no podía fiscalizar por mi profesión, jamás recibí compensación alguna, decidme estúpido, ingenuo o imbécil…, pero es así.
Bien, años después el baloncesto me llevó fuera de España y más concretamente a la fría Lituania. Como podéis suponer, siendo mi primera experiencia más allá de los pirineos, mis cinco sentidos estaban en aprovechar una oportunidad única, como era dirigir a un equipo de la historia del Zalgiris Kaunas. Vivía por y para rendir al 100% en el magnífico Zalgiro Arena y sus 16.000 fans que abarrotan CA-DA noche el citado pabellón.

A pesar de ello, a los pocos meses de estar allí, un par de editoriales se acercaron a mi proponiéndome traducir la novela al… ¡lituano! Eso ya era rizar el rizo. ¿Pero como suceden estas cosas? Y lo más curioso, ¿Cómo sabría si la traducción era literal o no? ¿Cómo podía comprobarlo? Ante las dudas, me senté un par de días con la que iba a ser la traductora y finalmente di mi autorización. Pocos meses después, llegó una caja a mi más que pequeño apartamento y al abrirlo ahí estaban 10 copias de “ANDZELINOS PAKLODÉS” en tapa dura y un aspecto brutal, de libro…, libro. No lloré de milagro. Me sentía en una nube que, además, no merecía y de eso estaba seguro y pocos días después me reafirmaba.
Pocos días después se debía realizar la presentación al gran público. Lo hicimos en la Feria del Libro de Vilnius (la capital lituana) y dentro del Palacio de Congresos de la ciudad. Una sala abarrotada de curiosos y con gran protagonismo obligado de mi traductora, por mi desconocimiento de ese difícil idioma. Tras una bonita presentación ante otro centenar de personas, de que me regalaran flores (¿la primera vez en mi vida?) y firmar dedicatorias en inglés a los muchos que me lo pidieron, creí que todo había acabado allí. Lejos de ser verdad, me dirigieron hacia el centro del Palacio, lugar en que había una veintena de stands literarios, a cubierto por supuesto, de todas las editoriales lituanas.

Rodeamos varios lugares con distintos tipos de libros hasta llegar al de mi editorial lituana. Bien lo primero que vi allí fue un gran mural con seis caras de escritores, entre las que se encontraba la mía. Pero mi sorpresa es que allí había una cola (¿como no exagerar al explicároslo?) de… ¿300 personas? ¿Cómo, por mí? Siento utilizar esta palabra, pero fue… ¡Acojonante! Yo era “la Campos” allí. ¡Joder! ¿Y que les digo yo a todos estos? Allí entendí lo que los “cracks” en esto de la escritura, sufrían en sus stands cada vez que debía presentar sus libros en sociedad. Fue una experiencia agradable pero agotadora y como además procuras, como ignorante en la materia que eres, dedicar de forma singular a todo el mundo…, aquello se hizo maravillosamente eterno. Recuerdo con muchísimo cariño, una señora que llevaba el libro subrayado y con (y os juro que no exagero) cientos de post-it de distintos colores enganchados en sus páginas. Estuve a punto de pedirle yo un autógrafo a ella.
Tras ese baño de multitudes, en el que insisto nadie necesita recordarme el motivo, que no era otro que ser una pequeña celebridad en el país en que el baloncesto supera a todos los deportes. Allí, para que lo entendáis, los posters en el bar, los cromos y el reverso de la tapa de los yogures, es para los jugadores de baloncesto. O sea que nadie se preocupe, sé que no soy Carlos Ruiz Zafón o Almudena Grandes, pero es cierto que mi novela, y lo digo con todo el orgullo del mundo, se ha convertido en un libro que ha logrado no dejar a nadie indiferente y a zarandeado a quien la ha leído, espero que positivamente. Bien, pues, la última bocanada de “Anzelinos Paklodés” estaba aún por venir. La editorial había preparado la presentación en Kaunas, lugar donde vivía y sede de mi equipo. ¿Cómo puedo explicároslo? ¿Si alguien cierra los ojos y diseña una presentación de libro soñada, cómo sería? Pues exactamente como sucedió esa noche.
Debo deciros que, sin pretenderlo, pues había comprado los billetes meses atrás, mi madre andaba por allí, para ver a su hijo dirigir un partido en Lituania. Bien, pues la presentación del libro se dio en un anfiteatro para 400 personas a media luz, lleno de flores y…, de público. Más allá del lugar en sí, precioso, la presentadora tras una breve introducción, dio pie a un par de actores que recitaban partes de mi obra en lituano. Yo, sin entender nada, me dedicaba a ver las caras de la gente, intentando interpretar si se ponían en el papel, si aquello que oían les llegaba al alma. Por su atención y sus sonrisas, parecía que así era. Otro breve “speech” de la presentadora sentada junto a mí y… Lluna (mi perra labradora) y entonces aparecen dos cantantes que interpretan una de las canciones de mi novela. ¿Honestamente? No sabía dónde meterme. Al finalizar, me hizo una serie de preguntas referentes al libro. Volvieron los actores y volvió la música, y al dar por terminada la presentación, todos y cuantos allí vinieron, lo hicieron muchos de ellos acompañados de nuevo con flores y quisieron nuevas dedicatorias y fotografías. El acto había sido una maravilla y un excesivo colofón a una novela que nació sin ningún tipo de pretensión.
Y hasta aquí la historia de mi primera novela. Luego hubieron presentaciones puntuales y alguna especial como la de Málaga, la tierra que me ha adoptado, pero el recorrido que ya ha tenido, y que quizá me siga dando, nunca lo hubiera imaginado. Aún a día de hoy, me sorprende la capacidad de emocionar y provocar que tienen las palabras. Agradezco el cariño de quienes me empujaron directa o indirectamente a escribirla. Tan solo espero que a quien le caiga entre las manos por primera vez, la lea con cariño, logre ubicarse dentro de los personajes y pase un rato agradable. ¡Me salió del alma!
Joan Plaza Durán


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Comentarios
  1. Francisca   On   16 Julio, 2017 at 19:11

    Yo ni conocía esa faceta. Pero parece milagroso lo que cuenta Sr.Plaza, ya le hubiera gustado a Gonzalo Torrente Ballester, buen conocedor del arte de escribir por su profesión haber podido contar lo que Vd. nos describe de su Ópera Prima. Mucha suerte.Pronto le vemos con el Premio Cervantes!!

    • Coach Plaza   On   16 Agosto, 2017 at 1:40

      Hola Francisca, agradezco tus palabras. Hoy, cuando apuro mis últimas horas para volver a Málaga para iniciar un nuevo reto, me cierro en mi estudio y procuro responderos a quienes estáis cerca. Mi vocación por la escritura, no tiene el empaque que mi profesión de entrenador, pero es cierto que, de un modo sorpresivo y casi sin pretenderlo, he logrado llegar y contagiar a otro pequeño segmento de personas con mis novelas. Nunca, nunca espere publicar dos novelas y tener una tercera en camino, pero aún menos que algunas están agotadas o publicadas en diversos idiomas. Me halaga que la gente haga reflexiones tras leerlas y se hayan vuelto libros de cabecera para algunos lectores. Procuraré seguir escribiendo y al menos cerrar esta trilogía de libros que me propuse hace años (aunque tengo empezados dos más!). No pretendo ser Torrente Ballester, pero sí distraer, divertir o hacer pensar a quienes se atrevan a leer una novela mía. Ojalá, si la lees, no te decepcione.
      Joan

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