“Las Mantas de Angelina” (2006) LA INTRAHISTORIA (1ªparte)

Escrito por en 8 Junio, 2017

Empecé a escribir mi primera novela sobre el año 2000. Debo confesar que nunca tuve esa intención, pero sin embargo un cúmulo de circunstancias acabaron, años después, con el nacimiento totalmente inesperado de mi opera prima.

Durante los años en los que compaginaba mi empleo como Funcionario de Instituciones Penitenciarias y mi vocación como Entrenador en las categorías de formación del Joventut de Badalona, una carta llena de sensibilidad que trajo un compañero de trabajo, provocó que, durante un desayuno con otros compañeros, que nos lanzáramos el reto de escribir un cuento cada uno de los presentes.
La carta que lo originó tal propósito, era la que un hijo que, trabajando en el extranjero, le había escrito a su madre y en la que, se destilaba un nivel de sensibilidad extraordinario, llena de matices y detalles, que quizá nunca antes se había atrevido a transmitir cuando la tenía mucho más cerca.
Aquello originó un pequeño debate entre cafés, sobre la dificultad que entrañaba desinhibirse y escribir desde el corazón y sin red. Hubo quien desmerecía el texto como tal, y no veía que fuera tan complejo esa concatenación de párrafos.
Así pues, nos lanzamos el reto de escribir un pequeño cuento sin ningún tipo de pretensión, cada uno de los que allí nos encontramos. Como suele ser habitual, las primeras intenciones se diluyeron rápidamente, y no tardé en darme cuenta que tan solo yo seguía escribiendo.
De este modo, y aprovechando que a menudo, al salir de trabajar como funcionario de 7 a 15h. bajaba en tren a entrenar hasta Tarragona (a 100km. de Barcelona), me acostumbré a utilizar el trayecto para escribir a mano sobre un bloc de hojas amarillas. También ayudó que, cada dos fines de semana, con el equipo y en autocar, debíamos cruzar la península para jugar contra nuestros rivales, y ocupaba las horas muertas que comportan estos viajes, para seguir escribiendo y escribiendo sin un rumbo fijo…, la verdad, pero con una pasión que me sorprendió a mí el primero.
Escribí en mi idioma materno, el catalán, y la novela crecía de un modo espontáneo y casi salvaje, pero las palabras brotaban sin mucho orden, sin un guion premeditado y hacía alguna dirección que no intuía.
Claro, todo el mundo y con razón me tomaba por loco. Yo no tenía ninguna base académica, ni tan siquiera alguno de estos cursos de escritura que hoy están tan a la orden del día. ¿Leía? Sí, aunque no tanto como ahora. Por aquel entonces me apasionaban las autobiografías (la de Adolfo Marsillach fue la primera que me atrapó), pero eso era poco bagaje para alguien que pretendiera escribir una modesta novela para sus amigos.
La finalicé y mi familia y mis cómplices del trabajo fueron mis conejillos de indias. ¿La reacción tras leerla? ¡Espectacular! Incluso demasiado. Nunca me creí García Márquez os lo aseguro, soy muy consciente de mis limitaciones, pero me había divertido haciéndola y la crítica, sin sobornos por el medio, era fabulosa.
No fiándome de mi entorno, me atreví a enviársela a dos reputados periodistas a quien yo no conocía de nada, para que, si podían, la juzgaran de un modo totalmente imparcial. No sé por qué creí que me iban a contestar estos atareados profesionales, cuando no había vínculo alguno conmigo. Un par de meses después y tras haber llevado a registrar mi novela, recibí una carta de uno de ellos. El solo hecho de tener una carta manuscrita de uno de ellos, ya me estremeció, pero al abrir el sobre (sí, antes la gente escribíamos a mano) su “crítica” fue sobrecogedora. Le había encantado y me animaba a intentar editarla e incluso se brindó a hacerme el prólogo…, ¡estaba en una nube!
Mi ingenuidad me llevó a pensar que, con la novela bajo el brazo, podía presentarme en cualquier editorial. Busqué direcciones en el periódico (que rústico) y me presenté en unas oficinas de la calle Balmes en Barcelona. No olvidaré nunca como me miró y recibió el director de la editorial. Debía pensar que yo era uno de tantos iluminados que banalizan el oficio de escritor y cree que puede llegar a editar su libro o incluso llegar a vivir del arte de escribir, así, sin más. El resultado fue obvio, no me dio ni la más mínima opción, no se leyó ni un párrafo y… aún tengo marcado en el culo, el portazo que me dio al salir.
Eso me llevó a dar un paso atrás en mis expectativas y a guardar mi novela en un cajón durante años, pero el gusanillo de escribir, se había instalado en mi interior, y seguí haciéndolo y utilizándolo, quizá como terapia, en mis noches de insomnio, tras largos viajes y dolorosas derrotas.
Tiempo después mi media naranja me trajo un tríptico sobre un pequeño certamen literario en la comarca donde vivimos (El Maresme). Las condiciones no eran las idílicas, porque exigían un formato reducido y mis textos tenían dimensiones mayores. Aun así, me presenté, ciñéndome a las reglas de juego y mi sorpresa llegó semanas después, otra vez en forma de carta. Esta traía el resultado del concurso y me comunicaba que había ganado en una de las categorías, un accésit. No pude asistir al acto por temas deportivos, pero aquello era otra señal más de que tenía una cierta capacidad para la escritura.
Casi un año después, una pequeñísima editorial ya desaparecida (Maikalili Ediciones), se interesó por mí y por lo que tenía escrito. Así fue como nos atrevimos a lanzar mi primera novela “Les Mantes de l’Angelina”, presentándola en sociedad en la siempre especial Librería Laie de Barcelona. La sala del fondo se abarrotó (a mí me parecía un gentío y fueron apenas 90 personas, pero estaba llena) entre familia, amigos, compañeros y curiosos. Fue un acto sencillo, pero emotivo para un neófito de las letras como yo. Debuté en el curioso mundo de las dedicatorias y los autógrafos, procurando encontrar la palabra adecuada para cada persona y entendí la dificultad que tan simple gesto conlleva.
La edición catalana se editó y agotó varias veces, aunque siempre en pequeñas cantidades, pero a mí ya me parecía un auténtico privilegio, tan siquiera poder ver mi novela en distintas librerías y webs especializadas del sector.
Desde entonces ha llovido mucho y ese libro, no ha dejado de darme muchas alegrías y grandes e inesperados momentos que explicaré el próximo día. ¡Gracias por estar ahí!

Joan Plaza Duran


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