DESDE RUSIA con…

Escrito por en 26 febrero, 2019

25 de febrero de 2019                                                                             Joan Plaza

Hola a todos. Durante muchos años y en muchísimas entrevistas, he defendido que no seria una mala cuestión, pedagógicamente hablando, que durante unos años (un par al menos -que son 700 días en el computo de toda una vida?-) todo el mundo se viera obligado a irse de casa, salir del entorno familiar, profesional, personal, académico…, en definitiva, salir de esa tan estereotipada “zona de confort”.

Claro esta, algunos me diréis que hay muchas formas y vías de hacerlo, pero no seré yo quien se ponga quisquilloso en el modo. Quiero decir que, aparentemente, seria muy instructivo salir de esa paramo de “bienestar” para ir a un lugar donde tuvieras que “emanciparte” en el sentido más amplio de la palabra y, por tanto, pasaras a depender única y exclusivamente de tus conocimientos, de tu saber estar, de tu forma de adaptarte y organizarte; y/o de tu perseverancia para sobrevivir. Pero incluso en aquellos casos en que algunos jóvenes bien estantes se van al tan “vilipendiado” Erasmus, y del que vuelven habiendo conocido las bondades de las largas noches europeas, con claras influencias de personas “extrovertidas” con las que se cruzaron, o con mayores conocimientos “farmacológicos” o “herbolarios” de los deseados por sus progenitores…, el puro hecho de haber tenido que expansionarte, relacionándote en otros idiomas y en distintos entornos culturales, ya seria positivo. 

Creo que cualquier periodo seria bueno, pero quizá seria mas adecuado que se hiciera en ese instante en el que estas dando forma a tu vida, ese momento sobre el que tus creencias y principios empiezan a coger peso y pasan a ser la base de tus planes de futuro (la etapa universitaria o posterior), pero tampoco le haría ascos a que pudiera hacerse con 30, 40 años o mas adelante. La cuestión seria salir y aprender, salir y darse cuenta, salir y oxigenarse de ese aire “viciado” que nos rodea de forma tan invisible como contagiosa. 

Iglesia(Catedral) “Sangre Derramada”

También es cierto, que las circunstancias pueden producir el efecto inverso, de modo que no solo nos dejáramos de flagelar por minucias diarias que vestimos de injusticias universales, si no que quizá alguno se daría cuenta que también hay vida en el exterior, que hay otra realidad de la que a penas nadie nos habla y que esa forma de vida se ajusta más a su forma de entender nuestro efímero paso por la Tierra.

Creo además que viajar te hace mucho mas tolerante, mas abierto, más condescendiente, menos “tiquis-miquis”, puntilloso o busca-razones. Creo que tu horizonte se expande y extiende, que tu capacidad de perdonar, de respetar y de relacionarte mejora exponencialmente. Sí, claro, habrá casos que, como en todos lados, echaran por tierra esta teoría, pues bordes los hay de todas las razas y colores. Pero, en general, salir hace que te atrincheres menos en tus paradigmas, en esa verdad absoluta sobre la que hemos crecido y que creemos que es “palabra de Dios”. Quizá os parezca una estupidez, pero recuerdo…, mi primer Fin de Año lejos de casa (Londres, allá por los 80’s), que fue cuando descubrí que en ningún otro país del mundo se celebraban las Campanadas con uvas como lo hacíamos nosotros. Me resigné y… encerrado en una pensión pakistaní (?) acabé comiendo unas… ¡olivas! Imaginaros la de ideas preconcebidas y verdaderamente cruciales que ignoramos más allá de los Pirineos.

Aprender a relativizar todo, aprender a poner el filtro a cuanto nos rodea, de modo que nos enseñe a discernir entre las noticias, a saber diferenciar las distintas verdades que hay detrás de cada uno de los titulares que procuran embaucar nuestras mentes…, es otra de las ventajas que conlleva cultivarse viendo la vida desde otro prisma. Esa defensa extrema de nuestra verdad, queda en entredicho y empezamos a cuestionarnos si aquello que ese medio de comunicación que siempre escuchamos, vimos o leímos; sí ese político que tan bien nos caía; sí aquello que nuestros padres procuraron inculcarnos; que si trabajo para vivir o vivo para trabajar; o si las razones por las que nuestra pareja sigue a nuestro lado, son las que suponíamos que eran.

Hermitage Museum

Es verdad que alguno pensara que no hace falta irse lejos para vivir esa transformación y que, quedándote en tu mismo país, puedes evolucionar y adquirir esa actitud, ese planteamiento vital para el resto de tus días. Pero os aseguro que tener que hablar de temas trascendentales en otro idioma y con una tercera persona que tampoco lo domina al 100%, ajustar tus “sagrados” horarios a otros más razonables, acomodar tus gustos y pautas alimentarias a las del país o tener que sufrir las inclemencias atmosféricas a diario a las que no estamos acostumbrados y no de forma puntual, añaden un plus impagable a esa especie de maduración forzada, pero tan necesaria para ampliar nuestro punto de vista en cualquier ámbito.

A todo eso, no descubro nada nuevo cuando os digo que, cuando estamos contra las cuerdas, cuando tensamos nuestra mandíbula o tragamos saliva ante una dificultad de la que no sabemos salir o nos encontramos entre la espada y la pared en un país lejano…, nuestro instinto de supervivencia, nuestra capacidad de resolver inesperadamente esos momentos críticos que nos bloquearían o ante los que nos rendiríamos si estuviésemos en “casa”, nos sorprenden y hacen de nosotros, personas menos dependientes y más segura de sí mismas.

            Sí claro, muchas cosas son las que podemos mejorar en nuestro entorno, muchísimas:

Una Educación acordada entre todos y no manipulable según el color de Gobierno.

Una Sanidad Universal y sin recortes que empeoren nuestra calidad de vida.

Una Justicia real de la que nos sintamos orgullosos por su imparcialidad TO-TAL y no dependiendo de a quien se juzgue (y que devuelvan el dinero TODOS cuantos robaron. TO-DOS!)

Una mayor tolerancia y respeto por la diversidad cultural y sus consiguientes idiomas.

Una distribución equitativa de las infraestructuras por TO-DO el Estado.

Y…, puestos a pedir, eliminar esos prejuicios anacrónicos entre provincias.

            Por supuesto que hay que seguir mejorando, en estos y en muchos otros aspectos, pero siempre sin perder la perspectiva de lo bueno que tenemos y que a menudo no valoramos adecuadamente por, entre otros motivos, el hecho de no haber salido de esa especie de burbuja en la que vivimos y no saber, en primera persona, cual es la realidad en otros países, regiones o personas.

Joan 

(*) Hace poco mas de dos meses que llegué a San Petersburgo (Rusia) y aunque tengo la oportunidad de viajar mucho por mi profesión, nada es comparable a vivir durante ciclos largos de tiempo, como hice también en Lituania hace 6 años. Ahora estoy viviendo mi segunda experiencia fuera de mi pueblo, ciudad, región, país…, entorno, y espero salir de aquí siendo algo mejor en todos los aspectos.



Comentarios
  1. Rosa   On   26 febrero, 2019 at 14:39

    Hola coach!!.
    Se te ve bien, adaptado y con ganas de hacer bien tu trabajo (como haces siempre).
    Pero,! Te echamos de menos!!!.
    Mucho.
    No tardes en volver please!.
    Y te repito lo mismo de siempre.. No cambies!.
    Un abrazo
    Rosa

  2. Gabi   On   27 febrero, 2019 at 8:56

    Me alegra saber de ti. Me alegra saber que pasan cosas apasionantes. Que se remueven cosas por dentro. Que estás en continua evolución.
    Te mando un abrazo muy fuerte.

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