Capítulo escrito para el libro “Manual para correr una Maratón! Sí se puede” de Rafael Vega

Escrito por en 6 Junio, 2017

Manual para correr la maratón, de Rafael Vega

Manual para correr la maratón, de Rafael Vega

…muchas noches de insomnio, de dudas, de introspección por saber sino me estaba equivocando. Creía tener los deberes hechos, había seguido las pautas que creía debían prevalecer en toda persona que quisiera conseguir un objetivo como el mío. Una progresión paulatina, una formación que fundiera experiencia de campo y clínics o cursos que me enriquecieran.

Empecé con apenas 14 años a ejercer de entrenador, casi de forma autodidacta y tan solo con el conocimiento que a mis tempranos años como jugador, me habían proporcionado. Mis conejillos de indias fueron unos alumnos de la escuela donde empecé mis estudios y un colegio de monjas cercano que buscaban a alguien desesperadamente. Ese primer año, logré, al margen de competir por las finales de los campeonatos que disputábamos, percibir una cierta capacidad para dirigir grupos en pos de un objetivo. Así continué, alternando más y mayores equipos, junto a los distintos niveles docentes que se requerían para ejercer esta… vocación. El Instituto, el Servicio Militar, una familia numerosa y el deseo de emanciparme algún día, se solapaban a mis deseos. Tras llevar más de 10 años ganando muchos de los títulos en juego y de hacerlo en la mayoría de categorías y a menudo frente a poderosas entidades, me replantee la opción de volver atrás.

Muchos jugadores que habían pasado por mis manos, los absorbían clubes más poderosos (Joventut y Barcelona), hasta que un responsable de uno de estos clubes me brindo la oportunidad de unirme a ellos, como entrenador ayudante y sin cobrar. Di ese paso y durante 3 años estuve de ayudante de Miquel Nolis, compitiendo al máximo nivel estatal. Tras lo cual, volví a ejercer de entrenador jefe, en categorías cadete, junior y senior (LEB y EBA), con notables buenos resultados… pero sin ser profesional y alternando mi ferviente vocación, con mi trabajo como Funcionario de Instituciones Penitenciarias durante 14 años.

¿Que más podía hacer yo, para obtener una oportunidad? Mi disponibilidad a perder dinero (había renunciado a cursos como funcionario que supondrían un mayor rango y sueldo), a cobrar una miseria o tener que irme donde fuera, estaba sobre la mesa. Muchos otros entrenadores más noveles, estaban disfrutando ya, del privilegio de ser profesionales en ACB o LEB. ¿Por qué yo no? ¿Qué hacía mal? ¿Dónde fallaba? ¿En que debía mejorar? Mi aspecto, mi simpatía, mi franqueza… me lo planteaba todo. La toalla estaba a punto de caer…

Pero, la perseverancia y la fe en mi mismo, acabó generándome la oportunidad por la que tanto trabajé e invertí profesional, pero sobretodo, personalmente. Me ofrecieron ser entrenador ayudante del Joventut de Badalona (Izquierdo, Comas, Aito). Aprendí muchísimo y aporté mi granito a la mejora paulatina del equipo. Pero, aún faltaban más obstáculos por pasar. Tras seis años, me ofrecieron volver atrás, cogiendo el equipo vinculado (que ya había dirigido anteriormente) y cobrando lo mismo, cuando apareció una oferta del Real Madrid (Maljkovic) para ejercer de entrenador ayudante pero que me obligaba a tener un menor salario y a dejar mi casa. No lo dudé, la apuesta estaba echada. Un año tan rico como complejo, acabó de perfilar mi propia filosofía como entrenador. 29 años después, estaba definitivamente preparado, para encabezar cualquier proyecto.

Mientras el Real Madrid buscaba a un nuevo entrenador de prestigio, yo me entrevisté con un par de equipos de LEB. Estaba muy bien en la capital, pero mi momento había llegado, fuera en Segunda División, en Francia o incluso en Beirut (donde llegó a plantearse una opción). Colaboré en la búsqueda de ese entrenador de primer nivel que requería el equipo blanco, pero llegado el momento de firmar como entrenador ayudante de, no se sabía quien… renuncié en pos de dirigir un equipo como entrenador jefe. La sorpresa fue extraordinaria, pues difícilmente nadie renuncia a un cargo de ese nivel. El interés por mi persona, las dudas del club gallego que mayor deseo tenía por mi incorporación y un par de vueltas andando al Bernabeu, me hicieron desistir, y por tanto, prolongaba mi relación como segundo entrenador del Real Madrid.

El destino y la renuncia de los mejores entrenadores que disponía el mercado europeo, permitió vivir uno de los días más felices de mi vida. Estaba en Irlanda, cuando la voz de un directivo que jamás olvidaré, me ofrecía encabezar el proyecto de la Sección de Baloncesto del R.Madrid (a mi cabeza vinieron los nombres de Ferrandiz, Lolo, Obradovic, Scariolo…). Cayeron lágrimas, fotografié mis pies y mi voz entrecortada quería dar las gracias a cuantos, hasta ese momento, me habían ayudado. Sabía que podía ser algo pasajero, un parche hasta la llegada de ese entrenador de campanillas, no tendría muchas oportunidades más, de ese calibre en mi vida. La ilusión, la preparación y la complicidad de mis jugadores, de mis ayudantes, del público y de la prensa, permitieron crear una química, que nos llevo a batir varios records, a ganar títulos que nunca antes había ganado la entidad…, pero sobretodo, a desprender emociones, a llenar Vistalegre con 15.000 personas y a demostrar nuestro grado de compromiso en cada partido, en cada entreno. Y hacerlo, sin aspavientos y con tanta humildad, como ambición.

Tras cuatro años en la entidad blanca, me acogió Sevilla, donde espero aportar, contagiar y transmitir mi idea del baloncesto, mi idea de equipo, mi idea del deporte. Un lugar donde intentaré dejar el rastro que dejé en Madrid y donde hace poca semanas, 10.000 personas se pusieron de acuerdo para agradecer mi paso por allí y a la vez, compensar todos aquellos años de sinsabores en que los miedos, las dudas y mi propia inseguridad, me hicieron estar muy cerca de abandonar.

Coach Plaza


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